La población autóctona, tobas y wichís, atraviesan una deplorable situación, con condiciones sanitarias paupérrimas. Desnutrición, enfermedades, muertes es lo que padecen a diario.
Se trata de un "exterminio silencioso, progresivo, sistemático e inexorable". Así fue presentado ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el Defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, en agosto del 2007, para frenar lo que él calificó "genocidio de nuestros hermanos de las naciones aborígenes del Impenetrable". No faltó quienes tildaran estás apreciaciones de electoralista y alguien fue más allá, dijo: "...es porque comen distinto están como están, lo que sucede es que genéticamente están predispuestos para la desnutrición" ¿????

Hasta aquí una escueta crónica de una Argentina que no aparece en las mediciones, en el crecimiento de la actividad económica. Por supuesto que nadie relaciona en voz alta al genocidio toba y wichí con el aumento de la leche, la carne, o con la obligación de proveer agua potable a todos los habitantes del suelo argentino.
Ante tanta hambre, abandono, miseria y dolor y como Entidad de Bien Público, que, dicho sea de paso, eso es también el FOTO CLUB TIGRE, por 4to. Año realizamos nuestro Safari Solidario/fotográfico. Y allí fuimos, entre el 28 y el 31 de octubre del 2.010. Recorrimos kilómetros y kilómetros de intrincado monte con un rancho aquí y otro más allá. Lo que si debemos destacar que antes de adentrarnos y a pesar de haber partido de J.J. Castelli, tildada hace años atrás como "La Puerta del Impenetrable", recorrimos casi 100 km de verdes plantaciones de soja que suplantaron el "impenetrable monte". Cabe acotar que cada año debemos recorrer unos" kilometritos" más para llegar a nuestro objetivo.

Y finalmente llegamos, fuimos doce personas en seis vehículos que casi rozaban el suelo por la carga de las numerosas donaciones logradas. Debemos dejar constancia y nuestro profundo agradecimiento a las innumerables personas que colaboraron.
Visitamos, entre otras localidades, Miraflores, Villa Bermejito hasta alcanzar El Espinillo, casi al límite con Formosa. En nuestro trayecto alcanzamos los 42º de temperatura a la sombra de un sol que rajaba la tierra. El aire caliente lo inundaba todo, amenazaba con cocinar hasta el alma. Es el contexto del infierno de los vivos de habitan El Infiernillo, mientras que nosotros durábamos unos minutos fuera de nuestros vehículos ya que prontamente buscábamos el refugio del aire acondicionado de los mismos.
Allí, donde ellos buscan refugio en la escasa sombra de los pocos árboles de la zona nos expresaron primero su desconfianza. Desconfianza por no saber a qué grupo político o religioso pertenecíamos y que con ello poníamos en" peligro las dádivas" del puntero de turno (no faltó quien nos solicitara algún comprobante de quiénes éramos). Cuando explicábamos nuestro simple interés de ayudar a otros argentinos como nosotros, nos recibían con los brazos abiertos explicándonos sus múltiples penurias. Nos abrían sus corazones mientras que los nuestros se estrujaban ante tanto desamparo.
Al regreso, todos sentíamos la "satisfacción" de haber contribuido con "un granito de felicidad" en tan vasto desierto de incomprensión, múltiples necesidades y, fundamentalmente, gran vacío educacional.





 






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